abril 19, 2014

Twitter favorece el contacto directo y el diálogo con los ciudadanos en política

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Una de las grandes ventajas de Twitter, y quizá su mayor virtualidad, es favorecer la comunicación, el contacto directo y el diálogo con los ciudadanos. La comunicación política tradicional consistía en que el partido o el candidato elaboraban sus mensajes y los difundían a través de los medios, como la prensa, la radio o la televisión. Este modelo, por tanto, se sustentaba en un tipo de comunicación preferentemente unidireccional, donde el que hablaba era el político y la audiencia escuchaba o leía los mensajes lanzados y actuaba en consecuencia, pero sin tener apenas oportunidad de participar.

Twitter, al igual que otros medios de Internet, ha venido a romper estas barreras al favorecer que la comunicación sea bidireccional y que se produzca un feedback entre el político y los ciudadanos que antes no existía o se daba sólo en contadas ocasiones. Y es que Twitter, como afirma Orihuela, “más allá de la tecnología, son las personas que lo utilizan, los mensajes que se comparten, las conversaciones que se mantienen y las relaciones que se establecen entre sus usuarios” (2011: 33).

Esta noción de “bidireccionalidad” en la comunicación entre instituciones y ciudadanos ya fue esbozada a mediados del siglo pasado por teóricos de las Relaciones Públicas como Bernays, Cutlip y Center. Sin embargo, serían autores posteriores, como Grunig y Hunt (1984), quienes profundizaron en este concepto, incidiendo en su potencialidad para mejorar la comprensión mutua entre la organización y los públicos, ser más transparentes, dinámicos y próximos a las demandas de los ciudadanos.

Y en este marco, se entiende que Twitter no es sólo hablar sino también escuchar, responder y debatir. En palabras de Ureña, “las reglas del juego han cambiado, ahora el concepto clave es la conversación. El votante ya no sólo escucha, sino que también habla” (2011: 31).

Esta funcionalidad de Twitter presenta indudables beneficios para los ciudadanos. Pero también los tiene para los políticos. Porque esta red social, al igual que el resto de herramientas que brinda la Red, podría quebrar el principio de comunicación mediada que existía hasta ahora. Los políticos, si se querían dirigir a los ciudadanos, debían hacerlo casi de forma única a través de la mediación de los medios de comunicación y, por tanto, su mensaje debía ser recibido, interpretado y filtrado por los periodistas, que eran quienes decidían si finalmente era difundido, con qué relevancia o espacio informativo y con qué tratamiento editorial, no siempre del gusto de los políticos. En este modelo, había muy pocas posibilidades de hacer llegar directamente el mensaje al ciudadano, salvo a través de cartas, folletos o en mítines o reuniones presenciales, a las que podía acudir una audiencia muy escasa en comparación con el total de la opinión pública. Las nuevas herramientas de comunicación que ha puesto sobre la mesa Internet permiten romper estas barreras, puesto que los políticos pueden dirigirse directamente a un gran número de personas sin tener que contar con los periodistas como intermediadores. El mensaje es emitido directamente por el político y llega sin ningún tipo de filtro hasta el ciudadano.

En este contexto se puede decir que las redes sociales, y entre ellas Twitter de una forma especialmente destacada, han venido a “democratizar” las vías de comunicación entre los ciudadanos y los políticos. Antes, sólo los periodistas podían tener el privilegio de hablar con éstos últimos y preguntarles. Ahora, esta posibilidad está al alcance de todos. Cualquier ciudadano puede controlar el trabajo de los políticos y plantearles críticas, sugerencias o dudas, algo que, sin duda, favorece la transparencia (McNair, 2011: 73-74). Y esto se aplica no sólo en periodos electorales, sino que es sumamente importante también durante la acción de gobierno. De hecho, es ya muy común oír hablar de Open-Government o Gobierno Abierto, por ejemplo, que responde precisamente a este principio de participación y diálogo con la opinión pública a la hora de llevar a cabo esta labor (Calderón & Lorenzo, 2010; Lathrop & Ruma, 2010), así como otras expresiones para referirse a este mismo concepto, como la de “ciberdemocracia” (Dader, 2003; Del Rey Morató, 2007). Incluso se habla también de que estos medios están propiciando la vuelta a los debates públicos que se vivían en los orígenes de la democracia en las ágoras de la Grecia clásica (Beas, 2011).

Pero las ventajas de Twitter como herramienta de diálogo conllevan una carga de trabajo y esfuerzo adicional para el político y, sobre todo, un cambio de mentalidad. Y es que los usuarios de Twitter no quieren que a través de esta red el político se siga comportando como antes, es decir, lanzando mensajes a modo de propaganda sin favorecer el debate. Como afirma Orihuela, “del mismo modo que las empresas tienen que comprender que no se trata de un nuevo canal para el spam, las instituciones tienen que asumir que Twitter no es una plataforma para la propaganda. Las redes sociales, en general, son entornos refractarios a los mensajes invasivos” (2011: 89).
Un buen ejemplo del rechazo que provoca este “uso invasivo” de Twitter fue el protagonizado por la cuenta de Obama en julio de 2011, cuando Estados Unidos estaba a pocos días de declararse en suspensión de pagos por la falta de acuerdo sobre el déficit público entre republicanos y demócratas. En este contexto Obama lanzó cientos de mensajes con todas las cuentas de Twitter de los congresistas y senadores republicanos, instando a la gente a que les escribieran para que alcanzaran un acuerdo. Esta acción hizo que su cuenta de seguidores disminuyera en un día en casi 40.000 (La Vanguardia, 1 de agosto de 2011).

Y lo paradójico de todo esto es que, sabiendo que comportarse de esta manera provoca el rechazo de los usuarios, aún son muchos los políticos que siguen utilizando las redes bajo este enfoque meramente propagandístico. “Desgraciadamente –afirman Alonso y Adell- la mayoría de los candidatos usan las redes sociales como Facebook y Twitter como simples medios para retransmitir la información que quieren hacer llegar al electorado” (2011: 49). Desde el punto de vista formal, un político que no sigue a nadie o a muy pocas personas a través de su cuenta en Twitter o que sólo tuitea para emitir sus opiniones o su agenda de actos, sin llevar a cabo interacción con usuarios, deja entrever ya que su interés no es tanto el escuchar o debatir con los ciudadanos sino, más bien, lanzar de forma unidireccional sus mensajes.

En definitiva, Twitter supone pasar del monólogo al diálogo, un diálogo en el que las dos partes participantes tienen las mismas posibilidades de interactuar. Y esto es precisamente lo que genera reticencias entre aquellos políticos que se muestran recelosos de Twitter (Fernández, 2011). En el fondo, temen que a través de esta vía puedan ser criticados, sin darse cuenta de que esos ataques quizás se estén produciendo igualmente aunque ellos no estén. Incluso puede que alguien haya creado una cuenta falsa con su nombre y se esté dedicando a suplantar su identidad en tono casi siempre irónico o negativo.

La sinceridad de cualquier diálogo está precisamente en no saber cómo va a terminar el proceso, siendo conscientes de que tu opinión inicial puede ser incluso cambiada a la vista de lo que te expone la otra parte, o en no querer tenerlo todo atado desde el inicio, como suele ocurrir en las entrevistas o debates televisados, donde los partidos pactan previamente hasta el más mínimo detalle.

Esto no cabe en Twitter, donde los usuarios tienen completa libertad para dirigirse en primera persona al político. Y precisamente cualquier intento de cercenar esa libertad despierta de forma automática numerosos recelos y críticas. Es lo que ocurrió en Egipto, cuando el presidente Mubarak cortó el acceso a Twitter y otras redes sociales para frenar las revueltas que acabaron finalmente con su mandato. Y un intento similar fue anunciado en agosto de 2011 por el primer ministro británico David Cameron, cuando sugirió la posibilidad (posteriormente descartada) de bloquear las redes en casos como los disturbios que se vivieron en esas fechas en Londres y otras ciudades del país (El Mundo, 12 de agosto de 2011).

El presente artículo corresponde a La revista Comunicación y Pluralismo, editada por la Universidad Pontificia de Salamanca publica en el número de este mes el artículo “Diez razones para el uso de Twitter como herramienta en la comunicación política y electoral”, de Daniel Ureña y Roberto Rodríguez, socios de MAS Consulting y profesores de la Universidad Pontificia Comillas.

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